viernes, agosto 14, 2009

LEATHERFACE, LA IMPLACABLE

En mi área de trabajo, debajo de mi escritorio, vive un mosquito que me chupa la sangre diario, por las tardes. Es hembra, porque sólo las hembras pican, dicen. Lleva semanas haciéndolo y hoy no fue la excepción. Me sacó un par de ronchas, una en la mano izquierda y otra en el antebrazo derecho. Pedro y Charo dicen que no es posible, que los zancudos y zancudas no viven más de unos cuantos días. Tal vez ésta es una versión renovada. Uno nunca sabe. Muy seguido se descubren especies animales y vegetales antes no conocidas o no documentadas por el hombre, y tal vez ésta sea más longeva que sus parientes más crecanos. Leatherface la bauticé. De vez en cuando la veo pero me da pena matarle, pues tenemos una relación cuasi-simbiótica de poco más de un mes, en la que yo le sirvo de alimento y ella a mi no me sirve de nada. Trataré de tomarle foto.

2 comentarios:

Sebs dijo...

Que onda mi Bixo, esta situacion me recuerda a aquella pieza musical del conjunto (palabra retro) "The Doors", donde se plantea ese conflicto entre el hombre y "los pinches moscos".

" .. no me moleste mosquitouuuuu
.. i want to eat my burritouuuu
.. no me moleste mosquistouuuuu
.. why don't you go homeeee .. "

http://www.youtube.com/watch?v=-GiD6XBsc2M

Saludos camarada

Quimar dijo...

PUES CUIDADO, A MI ME RECUERDA
"El almohadón de Plumas" de Horacio Quiroga, menos mal que alli no duermes!!
"Alicia murió, por fin. La sirvienta, que entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañada el almohadón.

-¡Señor! -llamó a Jordán en voz baja-. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre.

Jordán se acercó rápidamente Y se dobló a su vez. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras.

-Parecen picaduras -murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación.

-Levántelo a la luz -le dijo Jordán.

La sirvienta lo levantó, pero enseguida lo dejó caer, y se quedó mirando a aquél, lívida y temblando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.

-¿Qué hay? -murmuró con la voz ronca.

-Pesa mucho -articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.

Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós. Sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.

Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca -su trompa, mejor dicho- a las sienes de aquélla, chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del almohadón había impedido sin duda su desarrollo, pero desde que la joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches, había vaciado a Alicia."